Los desafíos energéticos de la minería tienen directa relación con la productividad, competitividad y sostenibilidad de la industria y para enfrentarlos se requiere una visión innovadora y especialmente un compromiso por parte de la alta gerencia y de la alta dirección de las compañías.

La energía no puede seguir considerándose como un insumo más. El comprador de energía de hace 20 años no tenía más que carbón y el sector de energía se veía estático.

En la actualidad, la incertidumbre tecnológica positiva que se ve para los próximos 10 años permite ser optimista, y en este contexto, si bien hoy los procesos de compra de energía se realizan con más análisis y modelos de negocios que pueden ser interesantes, siguen siendo en la mayoría de los casos, más de lo mismo.

Es fundamental que este tipo de insumos que comprometen al sector por largos periodos sean incorporados en las estrategias de negocio y sustentabilidad de las compañías. Esto es un punto de partida.

Asimismo, datos de Naciones Unidas indican que las empresas que se enfocan en innovación, y que al mismo tiempo respetan el medio ambiente, crecen a una tasa anual de un 15%, mientras sus pares, se mantienen estancados.

Si bien hoy vemos en nuestra industria minera tecnologías de punta en las operaciones; automatización, teleoperación, avanzados sistemas de control y monitoreo; al mismo tiempo estas compañías no tienen bien identificados sus principales consumos energéticos, ni dónde están las mejores oportunidades de hacer eficiencia energética con simples mejoras de gestión o inversiones mínimas.

USO DE AGUA CONTINENTAL

Si analizamos los principales conflictos asociados a la sustentabilidad de la minería, estos se relacionan con el uso de agua continental, el uso de energía convencional contaminante y, por supuesto, la ineficiencia en el uso de esta energía que no solo causa una mayor generación, sino que eleva los costos de producción al punto de poner en riesgo operaciones.

Si nos proyectamos hacia 2030, la minería en su totalidad deberá abastecerse de agua de mar; privilegiando el uso de agua continental para cultivos y consumo humano. Este tremendo desafío nos obliga a pensar que tendremos que movilizar agua desde el nivel del mar hasta 4.000 o más msnm. Algunas compañías ya lo hacen, pero los paradigmas instalados, o los incentivos de corto plazo que desincentivan visiones que vayan más allá de una administración o un ciclo de precios, entre otros factores, impiden que este tipo de proyectos sean abordados de manera integral por toda una industria.

Por qué no pensar en la coordinación del sector para la conducción de agua a distintas faenas sin necesidad de construir ductos individuales, duplicando costos de construcción, operación y mantención y la permisología que enfrenta el sector.

Por qué no pensar en una minería que podría ser abastecida en gran medida por fuentes de energías limpias, renovables, con valores predecibles y estabilidad en los costos de producción, minimizando los impactos de los ciclos económicos logrando un mayor control sobre este insumo clave.

Y en un corto plazo, por qué no lograr tener una industria minera que implemente y certifique en todas sus operaciones Sistemas de Gestión de Energía, para así administrar sus consumos energéticos y que esto les permita alcanzar sus objetivos de competitividad, productividad y sostenibilidad.

EL CAMINO A SEGUIR

Una gran oportunidad para la industria está hoy en aquellos procesos que aún no se construyen o los que van a ser modificados en el futuro, que consideren por ejemplo equipos con criterio de optimización de energía durante su vida útil (y no solo de inversión inicial), con bombas de calor que extraen el calor de la tierra o de procesos excedentarios, o motores eficientes que ocupan hasta un 30% más de cobre, entre otros. Visión estratégica y de largo plazo en la toma de decisiones es fundamental para ello.

Las voluntades parecen encaminarse hacia un cambio de paradigma que aún debemos empujar con más acción, el más radical es el concepto de cobre verde, que apunta a reducir los impactos de la industria a través de un ordenamiento y estandarización de las actividades que se vienen realizando en materia de uso de tecnologías eficientes y amigables con el medio ambiente, en aspectos comunitarios y territoriales, en inclusión, derechos humanos y ética.

Para que la materialización de este concepto no se confunda con un green wash, las acciones en los ámbitos antes mencionados deberán realizarse con foco estratégico en la productividad y competitividad de la industria y por ende estar en el corazón del negocio, de esta manera abriremos nuevos mercados y lograremos generar una marca de país a la vanguardia, la marca cobre verde.

Fuente: Diario El Mercurio